El sol pide sombreros, mangas ligeras y crema renovada con frecuencia. El viento sugiere rompevientos y sujeción de gorras. El agua, siempre abundante, debe repartirse con regularidad y no solo cuando aparece la sed. Alterna sombra y luz, y busca rincones resguardados para el picnic. Ensaya señales de mano para comunicarte con distancia y mantén una lista visible con teléfonos de emergencia y punto de encuentro. La prevención convierte imprevistos en anécdotas controladas.
Mantenerse en el sendero protege líquenes, tabaibas, cardones y estructuras frágiles de lava que tardaron siglos en formarse. No recojas piedras ni conchas, observa y fotografía. Lee paneles y comparte con los niños por qué un pequeño atajo causa gran daño. Cierra cancelas si las encuentras abiertas por viento, no por descuido, y lleva siempre una bolsa para tu basura. El mejor recuerdo es dejar el lugar intacto, con huellas que el viento borrará pronto.